De un tiempo a esta parte una de las cosas que más escuchamos es.

–          Estáis todos los días de comidas, mucho dinero tenéis.

Así que se nos ha ocurrido desarrollar un poco el tema y razonar esto con vosotros.

Comer hay que comer y, a ser posible, todos los días. Con esta premisa es verdad que nos adentramos de una manera cercana en una de las obligaciones más placenteras que existen, la gastronomía. Y es que para ser gastrónomo no hace falta más que tener afición por comer bien, disfrutar de la comida y buscar cobijo cerca de un par de buenos fogones. Puedes cocinar más o menos, puedes ir a mejores o peores cocinas, pagar más o pagar menos, afrontar recetas más simples o más complejas. El caso es que disfrutes.
Y no os fiéis, que un día se te vaya la pelota y te regales una visita a un restaurante con tres estrellas Michelín, no quiere decir que otro día no puedas cepillarte un plato de huevos, patatas y chorizo en la taberna “La pota de Pepe” en la calle Hornillos de Villavieja de Arriba y disfrutar como un auténtico vikingo.
En todas partes se come, en todas partes hay un fuego, una parrilla o un puchero hirviendo agua. En todas partes y en todos los tiempos. Y donde hay comida, la que sea, hay felicidad. Arzak no es incompatible con la tortilla de patatas del tito Gervasio. Lo innovador y lo tradicional emocionan lo mismo. Somos tan admiradores de Juan Antonio San Epifanio como de Stephen Curry.

Muchos recuerdos de la infancia llegando a casa para descubrir que ese día tocaba tu plato preferido. Queremos continuar con ese sentimiento. Queremos descubrir más platos preferidos. Queremos aprender a hacerlos y darlos a conocer. Descubrir secretos que están ocultos y que el bosque de comida rápida no nos deja ver.
Y con esta mentalidad y sabiendo que “Comer hay que comer y, a poder ser, todos los días” intentamos darle importancia a pensar en lo que comemos, dónde lo comemos y por qué lo comemos. No solo porque nos resulta divertido sino porque esta filosofía de vida es más saludable.
La industralización salvaje de la gastronomía durante el último siglo nos lleva hacia un lugar que no nos gusta. Comer rápido buscando el placer efímero del subidón de azúcar o  de los triglicéridos contenidos en las grasonas multiplica la sensación de placer que se consigue en cada comida pero nos está volviendo gilipollas.
Tenemos el firme convencimiento de que volviendo a darle importancia a la gastronomía vamos a vivir mejor, más felices y más tiempo.
Cocinar en pucheros, en planchas, en paellas, en sartenes, en parrillas, en una estaca, tirar de cuchillo, vigilar el horno, buscar ingredientes frescos, ingredientes de temporada, productos cercanos, el chup-chup, el carnicero, el pescadero, la charcutera y la frutera no solo nos van a mejorar la salud a nosotros sino que se la va a mejorar todo el planeta. Que vuelvan las manzanas y los bocadillos de jamón y que se mueran la bollería industrial y los zumos envasados.

La alta cocina no solo es la cocina de los grandes chefs que innovan, la alta cocina también es sencilla y tradicional, típica de cada región, es tan cercana y sostenible que no se carga el planeta. La alta cocina es aquella a la que no le importa perder un poco de tiempo en hacer las cosas bien. En tu cocina, en el bar del polígono industrial, en el restaurante del centro de la ciudad o en la cabeza de los grandes cocineros, eso da igual. Donde seguro que no se hace es en una fábrica.
El tiempo que perdemos con la gastronomía lo ganamos todos en salud y vida. Y es que la gastronomía puede ser barata si piensas que el tiempo invertido son experiencias acumuladas, es salud y por tanto longevidad. Así que no hace falta tener mucho dinero, hace falta tener inquietud y querer vivir mejor más tiempo. Estamos totalmente de acuerdo con la frase “La gente que realmente ama la comida, siempre es la mejor gente”.

Y pensadlo porque “Comer hay que comer y, a ser posible, todos los días”.

ManifiestoIII

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