Después de pasar un largo periodo de barbecho debido a la sanción federativa que le había impuesto nuestra comisión interna, decidimos que ya era hora de dar una segunda oportunidad a Casa Ataulfo y nos saltamos aquel dicho de: segundas partes nunca fueron buenas. Tras una dura negociación acordamos un todo incluido para seis personas y confirmamos cena un sábado a partir de las 22:30h.

Ataulfo, ubicada en el número 29 de la calle Cabrales, es una de las sidrerías más emblemáticas de Gijón.
Lo primero que vimos al llegar a Ataulfo fueron las grandes neveras que flanquean la puerta de entrada, una bien pertrechada de bichos vivos y otra más variada  en la que predominaban los pescados.

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Mucha gente a esa hora en la sidrería agolpándose en la barra para tomar unos culetes charlando de lo humano y lo divino.

Nada más llegar le echamos el ojo a la mesa que teníamos reservada cerca de la entrada  y nos colocamos al lado para tomar unos culetes mientras mirábamos por el rabillo a los deportes en la tele. No os vamos a decir que era fútbol porque en este blog somos muy intelectuales, pero intelectuales de los de leer libros y meditar mirando al techo. No quedaría bien reconocer que somos unos forofos.
Ya sentados cambiamos la sidra por el vino,  no sabemos si porque ya veníamos de tomar sidra de otros palos o porque se nos empezaba a poner la lengua gordona. La sidra de la barra era JR tradicional, llagar del Alto del Infanzon – Cabueñes, ubicado en el Municipio de Gijón. Bien.

Rápidamente nos pusieron el pan y abrieron el vino , para a continuación y sin demasiada demora traernos unos calamares frescos fritos, bien de aspecto, bien fritos , bien de sabor pero que quizás les faltase un pelín de sal.

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Nos retiraron la bandeja rápidamente y ya teníamos sobre la mesa el segundo entrante. Una especie de pastel para untar, entre todos no sabríamos decir los ingredientes, acompañado de sus correspondiente panecillos y un poco de bonito adornado con unas anchoas.  Un 5 ramplón porque no queremos dejar a nadie para Septiembre.

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Entre vino, risas, cotilleos y alguna que otra rajada (No hablamos de Cristiano Ronaldo porque somos intelectuales, estuvimos comentando Luz de agosto de Faulkner), seguíamos disfrutando de la cena.

Lo siguiente fue un salpicón, fresco, con sabor y rico. Emplatado sin mucho lujo, cosa que nos da un poco igual porque lo que más nos importa es el resultado, igual que a Cristiano, que diga a Faulkner.

A partir de aquí pasamos a la fase de servilleta al cuello, remangar camisa y utilizar las manos:
Andarica por barba (también somos hipsters), de buen porte, con mucha chicha y de sabor bueno. Dicho esto les ponemos un notable. Para el sobresaliente, y aquí somos un poco exigentes, venían sin alguna pata, lo cual solo repercutió en la presencia y no en el sabor.
La andarica lleva su tiempo, como decimos por aquí “ye muy entretenía” de comer, así que dio tiempo a seguir arreglando el país, sobre todo la deuda pública española en comparación con la de Andorra, un tema que nos apasiona. Parada técnica y vamos que nos vamos.

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Una fuente con percebes,  no muchos ni muy grandes, pero estaban buenos, otro notable para ellos, igual el vino ya empieza a hacer efecto y la nota se la ponemos un poco dejándonos llevar. Cuando creíamos que ya no habría más de picar y pasaríamos al plato principal, vemos que se acerca una nueva bandeja plateada.

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Un par de cigalas para cada uno, no muy grandes pero que se dejan comer fácil. Damos cuenta de ellas en un abrir y cerrar de ojos. Otro notable.

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Llegado este momento desabrochamos los cinturones porque llegaba la cena. La verdad es que faltaba la lubina y ya el butiellu necesitaba un poco de aire.

La lubina muy rica. Presentada con unas patatinas panadera no muy abundantes que nos emplataron los camareros, aunque no fuesen muchas patatas fueron suficientes a estas alturas de la película.
Os preguntaréis de qué tema culturalmente elevado estábamos hablando llegado ese momento. De ninguno, no nos quedaba sangre en el cerebro.

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A la lubina le pondremos otro notable alto, siendo junto al salpicón y la andarica lo mejor de la cena.

Para terminar y mientras nos tomaban nota de los cafés nos pusieron en la mesa algo pequeñito como decía la canción pero que en un plis plas nos ventilamos y a la vez nos refrescó la famosa lengua gordona.

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Al final levantamos el veto con un resultado más que satisfactorio, diremos que notable alto.

El precio cobrado fue el pactado 60€, así que nada que decir en ese punto tampoco.

Volveremos. Tenemos que terminar de arreglar el mundo.

Sidrería bastante limpia, baños limpios, atención buena, producto de primera calidad y un referente dentro de las mismas en Gijón.

Puntuación:  8/10

Casa Ataulfo

Calle de Cabrales, 29  –  33201 Gijón, 

Tfno: 985 34 07 87

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